La historia de mi barrio

Hoy: San Telmo

En sus orígenes, la zona fue poblándose con los trabajadores portuarios, y se encontraba fuera del muy reducido casco urbano, limitado a los alrededores de la Plaza de Mayo. Además, el arroyo Tercero del Sur la separaba físicamente, especialmente cuando se veía desbordado por las lluvias. Como el lugar estaba emplazado sobre una meseta, se lo conocía como el Alto. El eje principal alrededor del cual se asentaron los pobladores era la calle Real, actual calle Defensa, que conectaba directamente la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) con la ribera del Riachuelo.

En 1748, en un terreno donado por el vecino Don Ignacio Bustillo y Zeballos, la orden de los jesuitas comenzó la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, junto a la cual se instaló la Casa de Ejercicios Espirituales. Por esta última, comenzó a ser conocido como el barrio de la Residencia.1 Cuando en 1767 los jesuitas fueron expulsados de América por el Reino de España, los betlemitas se hicieron cargo del templo en 1785, y la Residencia comenzó a ser usada como cárcel.

Cuando en 1806 se creó la Parroquia de San Pedro González Telmo, la Iglesia de Belén fue elegida como templo provisorio, esperando la construcción de la Iglesia consagrada a ese santo, que finalmente nunca sería ejecutada.2 Así, el barrio comenzó a ser llamado Alto de San Pedro. En un hueco situado sobre la calle Defensa, se estableció a fines del siglo XVIII un lugar de parada para los carros que provenían con mercaderías del Riachuelo, conocido como el Hueco del Alto o el Alto de las Carretas. Allí, los vecinos porteños juraron la Independencia de España, firmada en Tucumán en 1816. La plaza fue nombrada del Comercio en 1822, y en la década de 1860 se estableció en el antiguo hueco el Mercado, que permaneció hasta que en 1897 se inauguró el aún existente Mercado San Telmo.3 Poco después, la plaza fue llamada Coronel Dorrego.

San Telmo fue habitado por las familias patricias tradicionales de Buenos Aires (Domingo French y Esteban Echeverría4 fueron vecinos ilustres), hasta que la epidemia de fiebre amarilla de 1871, los empujó a mudarse al norte. Así, comenzaron a alquilar sus viejas casas a los inmigrantes europeos que por la misma época comenzaron a llegar en gran número, instigados por una política beneficiosa del Gobierno Nacional. Recién llegados a Buenos Aires y buscando suerte, trabajadores y luego familias enteras se instalaban precariamente en estos llamados conventillos, que en caso de no lograr ascensión social terminaban transformados en viviendas definitivas. En estas viejas casas coloniales, llegaban a convivir numerosas familias hacinadas en cuartos y compartiendo un único sector de servicios, mientras las clases altas se enriquecían con rentas y construian sus nuevas mansiones en el Barrio Norte.

En las décadas siguientes, sobrevino la decadencia. Mientras la zona norte del casco histórico de Buenos Aires (San Nicolás y Retiro) se transformó en el centro financiero de la ciudad y una importante zona comercial, el viejo Barrio Sur quedó parado en el tiempo, con sus viejas construcciones coloniales aún en pie y manteniendo su función residencial, aunque ya no ocupado por las enriquecidas familias tradicionales, sino por los inmigrantes en los conventillos. El barrio llegó a un punto tal que en 1957, la Municipalidad de Buenos Aires consideró una propuesta del arquitecto Antonio Bonet que significaba demoler masivamente todo el lugar para transformarlo en un inmenso barrio al estilo moderno, conmonoblocks residenciales y grandes espacios abiertos.5 El proyecto no prosperó, y el barrio continuó con su estancamiento.

Por esas décadas, a medida que la arquitectura moderna comenzaba a difundirse en la Argentina, comenzaron las demoliciones y modificaciones de numerosas construcciones del barrio, perdiéndose parte de su importante patrimonio, por esos tiempos aún no valorado. Recién en 1970, gracias a la iniciativa del arquitecto José María Peña, fundador del Museo de la Ciudad, se creó en la Plaza Dorrego laFeria de Cosas Viejas y Antigüedades San Pedro Telmo, dedicada a las antigüedades y con el objetivo de lograr que los porteños valorasen el patrimonio histórico.6 Con el paso de los años, se formó un pequeño polo de pintorescos anticuarios que comenzó a atraer turistas y fue la semilla de la actual impronta del barrio.

En 1978, el barrio sufrió una drástica modificación cuando el intendente de facto Osvaldo Cacciatore concretó el antiguo proyecto de ensanche de avenidas. Así, las calles Independencia, San Juan y Garay fueron ampliadas y se demolieron todas sus construcciones anteriores a 1910, entre ellas la Casa del Naranjo, la más antigua de la ciudad en pie (siglo XVII).7 Ya quebrado irreversiblemente el tejido del barrio, atravesado por las nuevas avenidas, en 1979 el arquitecto Peña encabezó el proyecto del distrito U.24 (Urbanización 24), un área de 120 manzanas del Barrio Sur en el cual se deberían mantener intactas las construcciones patrimoniales, y las que se construyeran en el futuro deberían tener estilo contemporáneo, para no confundirse con las auténticas. Esta polémica ordenanza sería el primer paso en la conservación de la arquitectura antigua de la ciudad. En 1982, la U.24 evolucionó en la APH1 (Área de Protección Histórica), y gracias a la presión de firmas inmobiliarias el área a preservar se redujo notablemente.

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