El Centro Cultural San Martín está en conflicto desde hace 22 días

El enorme edificio del Centro Cultural General San Martín, situado en la calle Sarmiento 1551, se encuentra bajo custodia de la Policía Metropolitana, con gente atrincherada dentro de una de sus salas desde hace casi 20 días y un acampe en la entrada con cien artistas, a los que se suman personas en situación de calle.

El conflicto se tensa con el correr de las horas y no parece tener solución inmediata, al menos hasta que finalice la feria judicial. Para peor, los trabajadores del lugar temen por sus fuentes laborales y creen que peligra el comienzo del ciclo de actividades de 2013.

La Sala Alberdi, ubicada en el sexto piso, está desde hace dos años y medio bajo el control de un grupo de artistas, que tiene como objetivo “la autogestión y la creación de un espacio abierto a la comunidad”, con talleres y obras teatrales «gratuitas o a la gorra», cuya recaudación les permite solventar las actividades.

El problema se generó cuando el gobierno de la ciudad, por medio de la dirección del CCGSM, impartió la orden de desalojar la sala durante las vacaciones para realizar refacciones. El grupo se negó a dejar el recinto, rechazaron el ofrecimiento de ser trasladados a un centro cultural en Chacarita y decidieron que un grupo resistiría dentro de la sala.

Jorge de Martini, delegado del centro cultural por el Sindicato Único de Trabajadores del Estado (Sutecba), asegura que la toma se fue “desvirtuando”, y hoy puso en riesgo “la temporada y nuestra fuente de trabajo”.

“Metían gente en situación de calle a dormir con chicos. La convivencia con los trabajadores empezó a ser difícil, porque como en el sexto piso no hay baños usaban los del quinto, entraban mujeres al baño de hombres y viceversa, o hacían sus necesidades en cualquier lado”, relata De Martini a Infobae.

Ahora, con el atrincheramiento de menos de diez personas, (desde la Sala Alberdi no confirmaron el número de personas que hay adentro) las condiciones de trabajo de los 400 empleados del Centro Cultural se complicó.

”Hoy tenemos un acampe en la Plaza Seca (el patio cubierto de la entrada) y se hace imposible trabajar. El edificio está tomado por agentes de la policía Metropolitana, Infantería y patovicas -describe-. Tenemos acceso, pero no por lugares normales. Entramos como intrusos”, denuncia y aclara que buscan una salida “lo más pacífica posible” y “sin represión”.

Amanecer en el patio del Centro Cultural San Martín

Son las 10 de la mañana del día jueves 17 y en la vereda de la entrada de Sarmiento hay carros con cartones, chicos tomando mate y una cocina improvisada donde se preparará el almuerzo en forma de “olla popular”. Subiendo las escalinatas, entre carteles contra el jefe de gobierno Mauricio Macri y otros que piden la «autogestión», hay 45 carpas.

A la entrada, una pizarra que dice Hoy limpieza general, algunos jóvenes desperezándose, mates que van y vienen y la voz de Manu Chao que empieza a sonar para despertar a los más remolones.

“El objetivo del acampe no es impedir el ingreso a nadie al edificio, sino que haya un acceso libre a cualquier persona a la Sala Alberdi y que se retire la policía”, explica Nicolás, integrante de la asamblea, a este diario.

“Nosotros recibimos el apoyo de varios trabajadores, independientemente de la posición del sindicato. Ellos no se meten porque es un conflicto que tenemos que resolver con el gobierno de la ciudad.

Los integrantes de la Asamblea denuncian que «la jueza Fabiana Schafrik, que había denegado el traslado al Espacio Los Andes (en Chacarita), ahora cambió de opinión después de varias reuniones que mantuvo con el ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi, y Gabriela Ricardes, directora general del Centro Cultural».

La opción que les brindó el gobierno de la Ciudad es rechazada por los artistas, que aseguran que en estos dos años trabajaron en la remodelación, mantenimiento y restauración del lugar. «Y lo hacemos con lo que ingresa por medio de la gorra, ninguno de nosotros está cobrando un sueldo”, asegura Belén, otra referente de la organización.

El colectivo artístico, que adoptó el nombre Sala Alberdi y tiene su página en Facebook, rechaza la opción de la Sala Los Andes «por una cuestión de espacio, luces, sonido, vestuario». Y denuncia además que el gobierno de Macri busca privatizar el centro cultural, y que ya está “alquilando salas a empresas privadas para eventos”.

El gobierno porteño, a la espera de un fallo judicial

Infobae dialogó con el ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi, quien rechazó las acusaciones que hablan de privatización y negó que entre los manifestantes haya trabajadores del centro cultural.

«El pedido es toma y autogestión, o sea, lo que quieren es tomar un espacio de todos para beneficio propio.  No ocultemos lo que realmente quieren con palabras maquilladas con un discurso progresista», señaló Lombardi.

«Hay que aclarar que a la gorra no es gratuito. En cambio la Ciudad sí ofrece, en la sala Los Andes, actividades gratuitas», manifestó el ministro.

En cuanto a la disposición de este sitio como alternativa, Lombardi aseguró que sus instalaciones son «excelentes» y negó que el Barrio Parque Los Andes, donde se encuentra emplazado, sea «privado».

«En la Plaza Seca hay obras escultóricas muy importantes en riesgo. Pero además se ponen en riesgo ellos mismos», explicó, al tiempo que advirtió que en la Sala Alberdi, los»okupas» no permiten el ingreso a personal del gobierno, ya sea para controlar que haya matafuegos o para limpieza.

En cuanto a los «patovicas» que mencionan tanto el delegado De Martini como los artistas de la Sala Alberdi, Lombardi aseguró que se trata de «personal contratado con el cual habitualmente se maneja el teatro San Martín, que tuvo que ser reforzado debido a esta situación».

Atrincherados en la Sala Alberdi

Con muy poca agua, una garrafa que no saben «cuánto más va a durar», un ventilador por el que se turnan y algunos colchones, pasan sus días las “menos de diez” personas que resisten la toma de la Sala Alberdi.

Trabaron las puertas “por seguridad”, aseguran que sobreviven gracias a los víveres que les pasan sus compañeros del acampe por medio de cables y una canasta, ydesechan sus excrementos en bolsas que lanzan hacia los techos de las salas A y B del centro cultural.

Del otro lado de las puertas están los “patovicas, todos vestidos de negro y sin identificación alguna”, dice Laura, una de las personas atrincheradas en la sala.

“Vinieron después de ocho días a preguntar si necesitábamos algo. Pero no queremos aceptar nada de gente que no está identificada. Nos dejaron encerrados una semana sin tener contacto con nadie», se queja.

Desde el gobierno porteño aseguran que los accesos están liberados, pero que son ellos los que se auto acuartelaron. 

“No podemos abrir las puertas porque no sabemos qué órdenes tienen, si de reprimir, de sacarnos o de entrar y destruir el lugar”, explica Laura.

Pero con casi 20 días de encierro, la situación se torna compleja para cualquier ser humano. “Es más una cuestión psicológica lo que nos empieza a afectar. Tuvimos que aprender a convivir en estas circunstancias». Fte: Infobae/ Crisol del Plata

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